Branca Vilela

-NO A LA GUERRA -.
.
Se barren las calles del día después.
Aún retumban los ecos
de las pancartas en las aceras,
se alzaron las voces por encima
de las farolas, en el cielo nublado.
Las mareas humanas de nuevo, emergen
en los pasillos de asfalto.
Sobre el pecho la insignia del NUNCA MAIS,
cerca del latido acelerado,
también valía ayer la consigna.
La voz vibra en las cuerdas vocales,
no es una voz aislada, sin control.
Es un grito y otro grito y otro
en Madrid, en Bruselas,
en Londres, en Río de Janeiro,
en la garganta cristiana,
en la garganta islámica,
bajo los muros de la muralla de Lugo,
encima de las cenizas de las Torres Gemelas,
¡Qué fuerza, qué trueno
que se escucha debajo del océano.
¡NO A LA GUERRA!
Se podrá decir más veces,
pero no más fuerte.
-Hay muchos hombres que nacen sordos,
y otros que se hacen los sordos-

II

Al Sr. Presidente:

¿Que escondes debajo de las mangas
de tu camisa inmaculada?.
Sí, a ti, te pregunto, incapaz
de apagar el incendio de tu casa
quieres ser agua en el desierto
¿que factura pasarás a tu conciencia?.

Están los uniformes a la venta
en las calles de Bagdad.
Se iluminará el cielo,
las mujeres oscurecen
sus lágrimas debajo de las ropas.
.
¿Que es una guerra limpia?
¿desde cuando la guerra se lava?.
Sí, es cierto, se lava con la sangre
del niño abatido por error,
se lava con el desinfectante
de la amputación de las piernas,

se lava con el detergente del hambre,
se lava con el jabón de los refugiados,
se lava con la lejía del odio.
No escaldes nuestras voces,
ni centrifugues nuestros gritos.
No laves con agua caliente
la lana de nuestro rechazo.
No tendrás suficiente suavizante
para esta guerra.

Branca Vilela


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