Palabras para un terrorista
¡No lo sabes!... Tú no sabes la zozobra
que de pronto agolpaste en mi tejado.
¡Tú no sabes la rabia que me ahoga!...
Nunca cayó el hombre tan bajo.
Nunca la bestia fue tan bestia.
Nunca el dolor tan inhumano.
¡Y no puedes!... Tú no puedes sentir lo que yo siento.
¿Qué sabes tú del amor y la ternura?.
¡Qué puedes saber tú de sentimientos!...
Pedazo de buitre con cara de persona,
marioneta al servicio del diablo,
cosechador de muertes a deshora,
que alegando que defiendes tu cercado
te otorgas el derecho derecho de segarles a los niños
las piernas y las manos.
Ciego voluntario que vives en la sombra,
tú no vibras con los colores del ocaso,
tú no captas la esencia de la rosa.
No conoces más verdad que tu mentira.
Sólo ves en las rosas las espinas
y en el mar la furia de las olas.
¿Qué sarmiento parió el vientre de tu madre!...
¿Qué locura incubó en la mente de cigoto,
-pobre necio, «defensor de libertades»,-
para no ver las libertades de los otros?.
Pero este viento de Octubre insoportable
ha de helarte el alma poco a poco,
hortelano de niños mutilados,
que no sabes ser humano
ni vivir entre nosotros.
Contra tí levanto un grito de repulsa,
-aún quesamos quijotes soñadores
capaces de gritar mil veces ¡BASTA!
aún sabiendo que los necios nunca escuchan
¡Corazón seco!... Maldigo de por vida
tu garra de zahorí apocalíptico,
y en esta noche poblada de amargura,
en esta noche sin paz y sin mañana,
le lanzo mil porqués al infinito.
Y escucho a Irene, postrada en una silla,
con su voz de niña sin piernas,
con su voz serena y tranquila;
una voz que habla de perdón...
y una sonrisa, cara al cielo, convencida
de que Allá Arriba hay un Dios. Y hará justicia.
Isabel Buelta Rodríguez
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