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Montserrat
Teijido Sueiras
LA
GAVIOTA DE LA CONCIENCIA.
I
PARTE: LA GAVIOTA DE LUZ.
El cierzo amenaza... Su hielo flotante corta las alas de la gaviota
blanca, la conciencia de luz que vuela, herida y cansada, dando traspiés
y luchando contra el ahogo... Se arrastra en agonía con sus últimos
suspiros en la altura, gemidos que exhala buscando calor y abrigo...
Se ha quedado sola, perdida... Araña los cielos con sus alas afiladas
por el frío, escarba con su mirada triste en el azul en busca de
Fe, de una corriente cálida que sople y eleve su vuelo lastimado.
Pero el cierzo insiste en su soplido gélido y los ojos de la gaviota
se van nublando en una espiral que se apaga poco a poco los últimos
rayos de plata luminosa, fiera su caída, hasta que un golpe seco
la imprime en el mar.
II
PARTE: LUCHANDO CONTRA LA CORRIENTE.
La conciencia flota boca arriba, con las alas en cruz, invocando
una plegaria de amor que haga dulce su entrega. Su mirada cansada se fija
en el cielo ceñudo, lleno de desconfianza. La gaviota es un capricho
de los nubarrones que enturbian el mar furioso, ahora su refugio y su
castigo. Sedienta, triste... Arranca sus fueros desde lo más profundo
e íntimo de su interior. Y bebe, bebe, bebe... Con cada trago se
tiñe de gris, va enturbiando su ser y pierde su luz. Y bebe, bebe,
bebe... Oscurece su esencia. Y bebe, bebe, bebe... Desesperada... Aterida...
Entre corrientes y aleteos entrecortados su cuerpo cansado y envuelto
en dolor roza la salvación en la orilla...
III
PARTE: COMIENDO DEL FANGO.
Ebria de tiempo y espacio, manchada su alma, la conciencia serpentea
boca a bajo. Se arrastra abatida y contra el suelo. Sus ojos enfangados
en el barro, su rostro desencajado y malicioso, lleno de ira, impregnado
de su aciaga realidad. En sus sienes negras late un grito: ¡supervivencia!.
Su pico hambriento y servil lame del fango sin respiro... La gaviota de
luz de azabache se fortalece en su traición, enlodando sus plumas,
clamando venganza sin saber por qué, sin saber a quién...
Empuñando ciega la espada, se yergue y aletea con timidez ladina...
Poco a poco respira confianza y emprende su vuelo, rasante y agudo, un
vuelo que lastima...
IV
PARTE: LA CONCIENCIA NEGRA.
La gaviota de la conciencia aletea entre nubes de ébano,
a la caza de tormentas.
A veces, la luz y las aguas limpias resurgen, la llaman para que vuelva,
pero su mente confusa sólo se deja arrastrar...
MORALEJA
Todos somos gaviotas de luz... En algunas batallas luchamos contra
la corriente y sobrevivimos, íntegros; en otras comemos del fango,
nuestra conciencia ennegrece y tan sólo se deja arrastrar. Sin
embargo, siempre se puede regresar...
Montserrat Teijido Sueiras
(maio 2003)
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