Xoán Lois Vázquez 

Y en lo hondo de tu piel descubrí la belleza de poder sentirte
De esculpirte cada día, de robarte con frecuencia
Cada pedazo de corazón a ritmo de caricia,
A base de untar el sol con mis dedos en tus poros…

Y quiso hurtar el odio y el rencor
Mi caricia de amor en inviernos con corazones de hielo,
Apagando el viento sus últimas mentiras entre cenizas prometidas
Invitando a huir siempre de banderas de destrucción…
¡Lejos de nuestro lecho!

Para no cobrar ninguna deuda en carne y plomo,
Para seguir llegando al borde de tu cama
Con un nuevo beso colgado en la boca...
Para no tener que elegir
Entre acariciar tu mano o mi fusil
Porque…

“Sumando mil pocos de amor” entre todos
Siempre habremos ganado tiempo
Para seguir sintiendo a quien se ama
Para seguir robando nada más que caricias
En atardeceres sin “hongo”…

Para comprender
Que el verdadero poder habita en tus ojos sinceros
Que me repiten ámame, cada día, cada noche
Y que la vida crece sumando vidas a otras vidas
No restándolas…

Que las bayonetas están bien para desmontarlas entre flores
Y jugar a los dardos con ellas, no para jugar a las vidas…

Que cercenando abrazos nunca nada creció sino odio…
Y que, donde se siembra y vende odio como venganza
O como el lado oscuro de la esperanza
Sólo se recogerán más y más cenizas…

Y que la especie humana ¡oh progreso!
Ya hace tiempo que está en peligro de extinción
Porque los que juegan a la guerra
Tienen siempre manchadas las manos pero no las suyas…

Y que, deseo regalarte de nuevo hoy, mis flores aún sin sangre
Porque la única cosa por la que vale la pena vivir y morir
Es el Amor… ya que es lo único que crece cuando se reparte

Xoán Lois Vázquez
Febreiro 2003


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